Transformaciones en tiempos «intermedios»

Por Curtis Kline

Reflexión para la comunidad el 27 de mayo de 2020

 Entonces los que estaban reunidos con él le preguntaron:
«Señor, ¿vas a devolverle a Israel el reino en este tiempo
Y él les respondió:
«No les toca a ustedes saber el tiempo ni el momento,
que son del dominio del Padre.
Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder,
y serán mis testigos en Jerusalén,
en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.»

Después de haber dicho esto, ellos lo vieron elevarse
y ser recibido por una nube, que lo ocultó de sus ojos.
Mientras miraban al cielo y veían cómo él se alejaba, dos varones vestidos de blanco se pusieron junto a ellos  y les dijeron:
«Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo?
Este mismo Jesús, que ustedes han visto irse al cielo,
vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer.»

Hechos 1: 6-11

Curtis Kline

Esta semana nos enfocamos en la espera del don del poder de Cristo y también nos enfocamos en hundir nuestras raíces profundamente en la vida de Jesús. Esta semana vivimos entre la Ascensión y el Pentecostés.

Parece que Las Escrituras aman estos tiempos «intermedios», y a menudo en estos tiempos es cuando Dios hace algunas de las obras más transformadoras. Cuando Jesús dejó a sus discípulos por última vez después de la resurrección, les indicó que esperaran y les prometió que se convertirían en sus testigos después de haber recibido el poder.

Pero, como enseña el Evangelio de Mateo, el poder y la autoridad son de Cristo. Siempre es como resultado de nuestra conexión con Jesús que podemos compartir la vida y la gracia con los demás.

Antes de ascender a los cielos, Jesús resucitado instruyó a su pequeño grupo de seguidores a esperar en Jerusalén la venida de su Espíritu (Hechos 1: 4-5). Luego vemos la descripción de Lucas de la llegada del Espíritu Santo en el segundo capítulo de Hechos. ¡Lo que llamamos Pentecostés fue el nacimiento de una comunidad multicultural y multilingüe! Dejando detrás las discriminaciones y las exclusiones.

Como he considerado la importancia de este tiempo en la historia y este momento en nuestra realidad actual, me siento atraído a un lugar de reflexión, de resistencia y de esperanza.

Esta semana nos recuerda que esperar es una experiencia común que nos une como seres humanos a lo largo de los siglos y en todo el mundo, especialmente ahora en los tiempos de COVID. Como seguidores de Cristo, esperar en Dios es demasiado familiar. Somos un pueblo llamado a esperar. Pero no solamente a esperar, porque igualmente estamos llamados a participar activamente en el testimonio profético que proclama y demuestra el Reino de Dios, el otro mundo posible.

En estos días, mientras estoy practicando la distancia física como acto de solidaridad con mis hermanos y hermanas, usando una máscara para ingresar a una tienda o mercado, manteniendo una distancia al conversar con amigos y familiares, la espera de que se nos muestre en el texto se hace una realidad. Aunque no conocemos el futuro, no podemos decir qué sucederá a partir de aquí, es obvio que hay rupturas visibles en este mundo, existe una desigualdad innecesaria que hace que algunas comunidades sean más vulnerables a un virus que azota el mundo. Muchos se niegan a reconocer la ruptura. Pero existe. Y en medio de la terrible desesperación, nos ofrece la oportunidad de repensar nuestras relaciones con nuestro prójimo.

En este tiempo de espera podemos enfocarnos en hundir nuestras raíces en la vida de Jesús y en el mundo que dios quiere. Las cosas del mundo como esta que nos dividen, que nos separan, no están parte del mundo que dios quiere.

Pero, en medio de la crisis, y en este tiempo de espera tenemos oportunidades. En las semanas, los meses y los años que seguirán, nuevas relaciones, nuevas ideas, nuevas prácticas pueden emerger. Con nuestras raíces en la vida de Jesús podemos imaginar el mundo como Dios lo quiere, y juntos trabajar hacia su creación.

Autora india Arundhati Roy tiene una buena reflexión, dice ella:

Históricamente, las pandemias han obligado a los humanos a romper con el pasado e imaginar el mundo de nuevo. Esta vez no es diferente. Es un portal, una puerta de enlace, entre un mundo como esta y el siguiente mundo como puede ser. Podemos elegir atravesarlo, arrastrando detrás de nosotros los cadáveres de nuestros prejuicios y odios, nuestras avaricias, nuestros bancos de datos y malas ideas, nuestros ríos muertos y cielos humeantes. O podemos caminar a la ligera, con poco equipaje, listos para imaginar otro mundo. Y listos para vivirlo.

Como pueblo de Pentecostés, nuestra vocación es manifestar la realidad del reino mundial de Dios, ser un lugar donde se venza la enemistad entre los pueblos, las personas, y las comunidades y que las muchas lenguas de la humanidad se unen libremente en la adoración de su Creador. En medio de los proyectos bélicos a través de las edades, la Iglesia proclama por su existencia que el reino le pertenece a Dios, que no hay otro verdadero gobernante sobre todas las naciones.

Servimos a un Dios que nos llama a ser agentes de amor y de justicia, y a través de la venida de Su Espíritu nos llama a esperar con esperanza, a salir y declarar su bondad de tal manera que todos puedan ser incluidos. En estos días de espera, hundimos nuestras raíces en la vida de Jesús, recordando siempre que nuestra capacidad de amarnos unos a otros es integral a nuestra sobrevivencia, y la justicia es como se manifiesta el amor en acción.

Amen.

Escala el conflicto en Comunidades Indígenas de Antioquia

“el señor fortalece a su pueblo; el señor bendice a su pueblo con la paz” Salmos 29:11

Con preocupación vemos cómo las acciones de violencia escalan en los territorios indígenas de Antioquia ante la frágil respuesta y atención por parte del gobierno para atender de manera oportuna y generar garantías efectivas que eviten la repetición de hechos que ponen en riesgo a las comunidades.

La Organización Indígena de Antioquia OIA en una nueva comunicación pública emitida el 18 de mayo, alerta sobre la presencia de grupos armados ilegales, esta vez en el resguardo Murindó, así mismo de enfrentamientos que dejaron en medio del fuego a 275 familias de la comunidad de Isla.
Una vez más se pone en evidencia el aumento de acciones bélicas e incursiones de armados ilegales, en los resguardos indígenas de Urrao, Vigía del Fuerte, Bajo Cauca, Dabeiba y Frontino. En la jurisdicción de este último, es de recordar que el pasado 11 de marzo murieron dos menores de edad, una niña de 12 años y un joven de 17 años producto de minas antipersona.


Ante esta difícil situación enviamos un mensaje de fortaleza y esperanza a las comunidades a quien respaldamos y acompañamos en sus exigencias y en su apuesta permanente por la construcción de paz en medio de toda dificultad.

Por lo anterior reiteramos:

• Al Gobierno del presidente Iván Duque Márquez implementar y respaldar con urgencia mecanismos para la protección a la vida e integridad a las comunidades con total prioridad a la presencia civil del Estado.

• A la defensoría del pueblo acompañamiento a las comunidades.

• A los grupos armados que operan en la zona les instamos a respetar la vida, la autonomía y forma de organización de las comunidades y cesar todo tipo de acciones que van en contravía del Derecho Internacional Humanitario.

• A los diferentes sectores de iglesias, de la sociedad civil, organizaciones defensoras de derechos humanos nacionales e internacionales a hacer seguimiento a la situación de estas comunidades y su apoyo en la exigencia al respeto a la vida, al uso y goce de sus territorios, al derecho a la paz.


De la Guerra a la Paz

Iniciativas durante emergencia sanitaria

Medellín, mayo 16 de 2020

Por: Edwin Mosquera – Coordinador del Proyecto de la Guerra a la Paz

“Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos” Gálatas 6:10

En medio de la falta de garantías para el proceso de reincorporación, las y los excombatientes del hoy Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común FARC, reafirman desde los territorios su opción por la paz a través de múltiples expresiones, pero fundamentalmente con una constante creación de ideas y alternativas en favor de las comunidades.

Esta vez, el colectivo FARC que se asienta en el antiguo ETCR Jacobo Arango de la vereda Llano Grande Chimiadó, en el municipio de Dabeiba, Antioquia, a través de su Cooperativa multiactiva Agropecuaria El Progreso, dieron inicio este viernes 15 de mayo a una importante campaña que consiste en la donación de tapabocas como apoyo a la comunidad para la prevención ante el COVID-19. En esta primera jornada distribuyeron 2.500 unidades para seis veredas del Cañón de Chimiadó y para las autoridades tanto civiles como militares del municipio.

Juntas y juntos enfrentamos las dificultades. Foto: Colectivo FARC Llano Grande.

Esta oportunidad del servicio tiene un epicentro que se encuentra en el taller de confecciones Hilos de Paz ubicado en el área de reincorporación, en el que firmantes de paz y miembros de la vereda venían impulsando la fabricación de prendas de vestir, sin embargo, con ocasión a la emergencia sanitaria, decidieron redireccionar sus labores y priorizar por ahora sus tareas en la fabricación de tapabocas implementando las medidas necesarias y los insumos según los requerimientos mínimos para la bioseguridad.

Aquí pues, un testimonio en el que avanzan los tejidos de la esperanza y la solidaridad en los caminos de la reconciliación.

Foto: Colectivo FARC Llano Grande.

Seminario: «Acceso a la Tierra en Colombia: un reto a superar». Medellín.

Este seminario busca aportar a la construcción paz en los territorios, a partir de la reflexión sobre el acceso a la tierra, las dificultades y los retos para la implementación de la reforma rural integral. Se realizará el próximo jueves 26 de septiembre de 8am a 5pm en el auditorio 206 del Bloque 10 Ciudad Universidad -Universidad de Antioquia-. Entrada libre previa inscripción

Esta es una iniciativa de diferentes organizaciones  de la Sociedad Civil entre las cuales hace parte la Iglesia Luterana en Medellín con sus proyectos Casa de Paz y De la Guerra a la Paz.

Invitación Seminario de Tierras

ENTRADA LIBRE CON INSCRIPCIÓN PREVIA EN ÉSTE LINK

Como bien lo señala Semana, Un millón de hogares campesinos en Colombia tienen menos tierra que una vaca, Colombia es el país más desigual de América Latina en distribución de la tierra.

La justa distribución de la tierra ha sido y es la causa detonante del conflicto político social y armado que aún pervive en Colombia aún y a pesar de los múltiples acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno de Colombia y los actores armados al margen de la Ley.

No ha sido posible a lo largo de los años y de muchos gobiernos, alcanzar una reforma rural exitosa. De hecho éste tema fue recogido en el punto 1 de los recientes acuerdos entre la insurgencia de las FARC-EP y el Gobierno

Oxfam, basados en el Censo Nacional Agropecuario, realizó el informe de la desigualdad en el que ha hecho un llamado de alerta por la terrible situación que se vive en las zonas rurales de Colombia.

Así mismo hizo un llamado al mismo gobierno a tomar medidas serias, efectivas en esta materia.

“Según un estudio realizado previamente por Oxfam para 15 países de América Latina, el 1% de las explotaciones agrícolas de mayor tamaño concentra la misma extensión que el 99%. De acuerdo con los últimos datos, en Colombia el resultado es aún más dramático: el 1% ocupa 81% de la tierra, mientras el 99% ocupa tan solo el 19%. De otra parte, los predios grandes (de más de 500 Ha) ocupaban 5 millones de hectáreas en 1970 y en 2014 pasaron a ocupar 47 millones. En el mismo periodo su tamaño promedio pasó de 1.000 a 5.000 hectáreas.

Mientras tanto, las explotaciones de menos de 10 hectáreas representan el 81% del total, pero ocupan apenas el 5% del área, con un tamaño promedio de 2 hectáreas. Las mujeres se ven especialmente afectadas por la falta de acceso a tierras. Solo el 26% de las unidades productivas están a cargo de mujeres y sus explotaciones son más pequeñas, predominando las de menos de 5 hectáreas, con menor acceso a maquinaria, crédito y asistencia técnica” (Oxfam, 2017)

Cifras alarmantes:

  1. El 1 % de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder el 81 % de la tierra colombiana. El 19 % de tierra restante se reparte entre el 99% de las fincas.
  2. El 0,1 % de las fincas que superan las 2000 hectáreas ocupan el 60 % de la tierra.
  3. En 1960 el 29 % de Colombia era ocupado por fincas de más de 500 hectáreas, en el 2002 la cifra subió a 46 % y en 2017 el número escaló al 66 %.
  4. El 42,7 % de los propietarios de los predios más grandes dicen no conocer el origen legal de sus terrenos.
  5. Las mujeres solo tienen titularidad sobre el 26 % de las tierras.
  6. De los 111,5 millones de hectáreas censadas, 43 millones (38,6 %) tienen uso agropecuario, mientras que 63,2 millones (56,7 %) se mantienen con superficies de bosques naturales.
  7. De las 43 millones de hectáreas con uso agropecuario, 34,4 están dedicadas a la ganadería y solo 8,6 a la agricultura. La situación debería ser inversa, pues se recomienda que 15 millones de hectáreas deberían utilizarse para ganadería pero se usan más del doble. Por su parte, 22 millones son aptas para cultivar pero el país está lejos de llegar a esa cifra.
  8. Los predios de más de 1000 hectáreas dedican 87 % del terreno a ganadería y solo el 13 % agricultura. En los predios más pequeños, es decir, los menores a 5 hectáreas, el 55 % del predio se dedica a ganadería y el 45 % a agricultura. A pesar de que la situación es menos dramática en este último sector, la tendencia a la ganadería siempre es más alta que otras formas de explotación de la tierra.
  9. Los monocultivos predominan. Por ejemplo, el 30 % de las áreas sembradas en el departamento del Meta corresponde a palma aceitera.
  10. Un millón de hogares campesinos viven en menos espacio del que tiene una vaca para pastar.

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Las comunidades avanzan en su compromiso con la construcción de paz en Colombia.

Foto por John Hernandez

Comunidades reunidas en la Vereda San José de León

“Sabíamos que no iba a ser fácil éste proceso, pero queremos que las comunidades tengan la certeza de que seguimos firmes con el proceso de paz”

“Necesitamos que la comunidad internacional conozca de primera mano la realidad de nuestras comunidades y acompañen nuestros procesos”

Foto por John Hernandez

Eschando a las Comunidades

“¿Qué le pedimos al gobierno? Que avance seriamente en la implementación de los acuerdos”

“No queremos más líderes sociales y excombatientes asesinados”

Estas son algunas de las voces que se escucharon el pasado 7 de septiembre durante la jornada de acompañamiento a las comunidades de la vereda San José de León, municipio de Mutatá, Antioquia, realizada en el marco del Proyecto de la Guerra a la Paz. La visita contó con la presencia de Arja Konskinen, Gerente Regional para América Latina y Kristiina Rintakoski, Directora de la Unidad de Paz y Reconciliación e Incidencia de la Misión Evangélica Luterana de Finlandia FELM; Eva Ekelund y Andrés Alba de ACT – Iglesia Sueca y el Obispo Presidente Atahualpa Hernández de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia IELCO.

Foto por Eva Eckelund

Nuevos Caminos

Foto por Eva Eckelund

Foto por Eva Eckelund

Foto por Edwin Mosquera

Foto por Edwin Mosquera

 

 

 

 

 

 

Además de estar en la vereda San José de León, el domingo 8 estuvimos en la Vereda Llanogrande del Municipio de Dabeiba donde nos encontramos con la Directiva del ETCR y pudimos escuchar de los avances y desafíos pero fundamentalmente de su compromiso frente al proceso.

#VeredaSanJoseDeLeon
#AquiSeConstruyePaz

Clamamos por la Paz

Carta fraterna

Por Comunidades de La Blanquita-Murrí
La Blanquita-Murrí, agosto 25 de 2019

COMUNICADO PÚBLICO

IBÎADE DÛANAITÂ JÔMA CLAMAMOS POR LA VIDA, CLAMAMOS POR LA PAZ

Nuestro corregimiento La Blanquita – Murrí se encuentra ubicado en el occidente del departamento de Antioquia, en el municipio de Frontino, del cual ocupa el 70%. Este territorio lo habitamos 30 comunidades indígenas agrupadas en siete Resguardos del pueblo Embera Eyábida (de acuerdo con la organización propia, de la que hacen parte comunidades que se ubican administrativamente en el municipio de Dabeiba); siete comunidades afrodescendientes que se integran en un territorio colectivo (entre Frontino y Urrao) y siete comunidades campesinas. Sumamos en total más de 8.500 personas en un territorio pluriétnico y profundamente biodiverso, que está recorrido por ríos y quebradas que dan vida a una gran variedad de especies animales y vegetales. Así mismo nuestro subsuelo contiene diferentes minerales codiciados para su explotación, como oro, platino y cobre. Somos víctimas históricas del conflicto social y armado que ha sufrido el país, desde los años de la violencia. Uno de los hechos más significativos fue el desplazamiento masivo de toda nuestra comunidad en mayo de 1996; tras un retorno progresivo, solamente una parte de las familias murriseñas pudimos regresar. Desde esa fecha hasta el año 2008 se presentaron hechos que no queremos que se vuelvan a producir en nuestro territorio. Durante este periodo fuimos señalados y estigmatizados por parte de muchos sectores de la sociedad, lo que fortaleció estos ciclos de violencia. El proceso de paz entre el gobierno nacional y la entonces guerrilla de las FARC-EP dio inicio a una etapa de tranquilidad y desarrollo, que concretó los anhelos de paz de nuestras comunidades. Desde hace casi dos años acogimos a un grupo de aproximadamente 80 exguerrilleros (incluidos los que se ubican en Murrí y en Mandé, que hacen parte del Consejo comunitario por la Identidad Cultural de Mandé, con quienes nos articulamos organizativamente), la mayoría de ellos originarios de este territorio. Este proceso es un ejemplo de reincorporación y reconciliación, pues es quizás el único lugar en el país en el que comunidades y población en proceso de reincorporación convivimos y trabajamos conjuntamente. En el marco de este proceso de reconciliación y reincorporación de exguerrilleros, en noviembre de 2018, tras la celebración de un encuentro comunitario, conformamos la Mesa Interétnica por la Paz de Blanquita-Murrí, compuesta por líderes y lideresas de las distintas comunidades del territorio. A lo largo de este año comenzamos a trabajar en la elaboración de un Plan de Vida Comunitario, que nos permita construir propuestas de vida en dignidad y paz para nuestro territorio interétnico. En medio de este proceso de construcción de paz, el 8 de agosto nos vimos afectados por un hecho dramático que conllevó a la muerte de tres personas, dos de las cuales hacían parte de nuestra comunidad (uno de ellos un menor de 16 años de edad de nuestro pueblo Embera Eyábida). Se reviven sentimientos de tristeza y temor de volver a quedar en medio de un conflicto armado que continúa; tememos por la vida y por nuestra permanencia en el territorio. Tras este suceso, nuestro corregimiento apareció una vez más en las noticias por ser centro de violencia y, una vez más, los distintos sectores de la sociedad volvieron a criminalizarnos y estigmatizarnos; entre ellos, escuchamos con tristeza y preocupación las palabras del gobernador de Antioquia, Luis Pérez, en el marco de un Consejo de seguridad celebrado en Medellín el pasado 13 de agosto. Las comunidades murriseñas, al contrario de lo que afirman, tenemos un fuerte compromiso con la paz, como lo han podido constatar las distintas entidades que nos han acompañado durante estos últimos años, entre ellas la Misión de Verificación de Naciones Unidas en Colombia, la Agencia para la Reincorporación y Normalización – ARN, Cruz Roja Colombiana, sectores de Iglesias (Proyecto De la Guerr a la Paz, Iglesia Evangélica Luterana de Colombia –IELCO, Hermanas Misioneras de la Madre Laura, parroquia de La Blanquita-Murrí, Iglesia Pentecostal Unida de Colombia). Sin embargo, muchas de las transformaciones que esperábamos con la paz, que debían ser implementadas por el Estado, no han llegado, y el territorio sigue en medio de un abandono histórico; como ejemplo, la vía de poco más de 60 kilómetros que nos conecta con el casco urbano del municipio sigue siendo una trocha, que requiere más de cuatro horas para ser recorrida (o seis en transporte colectivo) y carecemos de vías que conecten el casco corregimental con las demás comunidades. Realizamos un llamado al gobierno nacional y a los entes territoriales para que: 1. Dejen de estigmatizar a nuestras comunidades de La Blanquita – Murrí. 2. Se comprometan realmente con la construcción de paz en nuestro territorio y, consecuentemente, implementen el Acuerdo Final de Paz; 3. Respeten y reconozcan a las comunidades que seguimos luchando día a día desde la unidad y la palabra por construir paz. 4. Generen garantías reales para la vida digna de nuestras comunidades. Invitamos particularmente al Gobernador de Antioquia, Luis Pérez, así como a todas las demás instituciones del Estado, a que nos visiten y conozcan nuestra realidad para que no reproduzcan imágenes erróneas de La Blanquita – Murrí. Conocernos les permitirá acercarse a las problemáticas reales que aquí se dan, pero también a las propuestas que estamos construyendo. La paz se construye en los territorios y con sus comunidades. Mesa Interétnica por la Paz de La Blanquita – Murrí. Firman,
  • Juntas de Acción Comunal de las comunidades: Blanquita-Murrí, Cuevas- Peñitas, Cañaverales, Julio Grande Chontaduro Alto de Murrí Pantanos.
  • Consejo Comunitario por la Identidad Cultural de Mandé (comunidades de Alto Murrí, Barrancón, Vásquez, Murrí Medio, Curvatá, Pacurichicí y Brazo Seco)
  • Resguardo Chaquenodá: Comunidades: Comunidad Peñitas Chontaduro Alto Chontaduro Bajo San Mateo Bajo Quiparadó – Bajo Quiparadó Cerrazón Quiparadó Alto, Sangrijuela Cuevas Socorrito San Miguel, Pegadó Julio Grande Julio Chiquito Aguas Claras.
  • Resguardo Murrí – Pantanos: Comunidades: Gordito Navatá Curvatá Adán Ataucí Antadocito Pradera Lano
  • Resguardo Amparradó: Comunidades: Amparradó Alto Amparradó Medio Amparradó Bajo
  • Resguardo Nusidó: Comunidades: Llano Rio Verde Loma de Indios Nusidó
  • Resguardo Cañaveral: Comunidades: Antadó Arenera, Antadó Guabina, Cañaveral.
  • Resguardo Genaturadó
  • Resguardo Chuscal

#26deJulioElGrito

El pasado viernes 26 de Julio tuvo lugar en diferentes ciudades de Colombia y el mundo la Marcha Nacional por la defensa de la Vida de las líderes y los líderes sociales. La Iglesia Luterana Emaus estuvo presente en Dabeiba con el proyecto de De la Guerra a la Paz y en Medellín desde su espacio Café Lutero de la Casa de Paz Emaús. Compartimos una galería con algunos momentos de esta memorable jornada desde Medellín donde con el país entero se dijo No Más a la muerte impune y la persecución de las comunidades vulnerables y de sus voceros.

Fotografías por Paula Herńandez

Fotovoz: miradas del proceso de reincorporación

Por: Paula Hernández

La exposición fotográfica Fotovoz, que hace parte de Proyecto De la Guerra a la Paz de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia, podrá ser visitada en el espacio del Café Lutero en Medellín (Calle 42 # 80B – 37) del 28 al 30 de junio. La exhibición permite acercarnos a los obstáculos, esperanzas y sueños que han vivido los reinsertados de las FARC en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Llano Grande – Dabeiba, durante el proceso de implementación del acuerdo de Paz.

Desde febrero, con la facilitación de Susana Franco, se realizó un curso de fotografía, con seis miembros del colectivo FARC, con el fin de que a través de esta herramienta puedan identificar los factores que afectan la vida comunitaria y movilizarse para ser agentes de cambio. Como resultado de este espacio, cuatro de los integrantes realizaron una exposición fotográfica donde expresan las dificultades con las que se han encontrado durante la implementación del proceso de paz, las esperanzas y sueños que tienen, así como los desafíos que enfrentan para que las personas se dispongan a tener otras perspectivas acerca del proceso.

Inicialmente la exposición estuvo expuesta el 10 de mayo el municipio de Dabeiba, en donde fue vista por niñas y niños del colegio de la Madre Laura, docentes, miembros de la Policía, miembros de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), Segunda Misión de Observación de las Naciones Unidas, la Gerencia de paz de la Gobernación y la comunidad en general. Los visitantes también pudieron asistir la proyección del documental “Dabeiba: La Resistencia Sigue porque la Guerra No Para” que a través de testimonios personales busca recuperar la memoria de los últimos 20 años de algunas veredas de Dabeiba y reivindicar el derecho de ser campesinos independientes, habitando su tierra sin ser estigmatizados, ni vinculados a dinámicas de la guerra. El 31 de mayo la exposición llegó a Medellín en la Casa Cultural La Chispa. En la inauguración hubo música en vivo, además de proyección del documental y un conversatorio entre los artistas y los asistentes.

De la Guerra a la Paz es un proyecto que desde el 2018 ha venido trabajando con las comunidades vinculadas con ETCR y nuevas áreas de reincorporación en Frontino, Dabeiba y Mutatá, buscando que puedan fortalecer sus mecanismos de autoprotección, brindarles habilidades y herramientas psicosociales, a través de los cuales puedan exigir la implementación de los acuerdos de paz.

Comunidades conforman Mesa Interétnica por la paz en el Corregimiento Blanquita – Murrí, Frontino (Antioquia)

“Aún falta mucho para construir la paz, por eso nos juntamos y nos seguiremos juntando, todos por este sueño”

Por: Edwin Mosquera

El pasado 25 de noviembre en el corregimiento Blanquita – Murrí, jurisdicción del municipio de Frontino, Antioquia, más de 100 líderes y lideresas de comunidades indígenas, afrodescendientes y Juntas de Acción Comunal se reunieron con el objetivo de dialogar en torno a la  implementación de las herramientas contenidas en el acuerdo firmado entre el Gobierno y FARC – EP, así mismo sobre su papel como constructoras y constructores de paz.

Las comunidades de Blanquita – Murrí recibieron hace más de un año a un colectivo de exguerrilleras/os de las FARC, con quienes vienen construyendo propuestas orientadas al fortalecimiento organizativo.

Éste encuentro comunitario se desarrolló en el marco del proyecto de “De la Guerra a la Paz” de la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia – IELCO – y contó también con el acompañamiento de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia; la Agencia para la Reincorporación y Normalización – ARN; el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común – FARC y las Hermanas Misioneras de la Madre Laura.

Como resultado del encuentro, las comunidades conformaron una Mesa Interétnica de Paz que marcará agenda periódica con el fin de fortalecer sus bases organizativas, en este sentido profundizar en la pedagogía del acuerdo y en las medidas de la implementación del mismo. La Mesa también será el mecanismo a través del cual se establezcan puentes con las instituciones del Estado, organizaciones de la sociedad civil colombiana y comunidad internacional, para el efectivo cumplimiento de derechos y vida digna en los territorios.

Compartimos la DECLARACIÓN FINAL ENCUENTRO INTERÉTNICO DE LÍDERES Y LIDERESAS POR LA PAZ, *Corregimiento La Blanquita – Murrí, municipio de Frontino. 25 de noviembre de 2018*

Las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas del corregimiento La Blanquita – Murrí, jurisdicción del municipio de Frontino (Antioquia) nos reunimos este 25 de noviembre para dialogar en torno al Acuerdo Final de Paz y el estado de la implementación, así como también profundizar en reflexiones sobre nuestro papel en la construcción de paz, aún más teniendo en cuenta que desde hace un año conviven con nosotras/os un grupo de exguerrilleros/as de las FARC, que están en proceso de reincorporación.

En el segundo aniversario de la firma del Acuerdo Final de Paz, alrededor de 120 líderes y lideresas de las comunidades que habitamos este alejado,  pero hermoso y biodiverso territorio, coincidimos en la necesidad de conocer en profundidad el acuerdo de paz que se firmo entre el
Gobierno colombiano y las FARC-EP y el estado de su implementación, pues allí se encuentran las herramientas orientadas a mejorar las condiciones de vida de la sociedad colombiana y a construir una paz estable y duradera.

Nuestro encuentro contó con el acompañamiento de la Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN), la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), las Hermanas Misioneras de la Madre Laura y la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia (IELCO) a través del proyecto “De la guerra a la Paz”.

Nosotros/as, quienes vivimos muy de cerca el conflicto, reclamamos la necesidad de avanzar en la eliminación de las causas que dieron origen al mismo, y que lamentablemente aún persisten hoy en nuestro territorio, como la desigualdad social, la ausencia de inclusión y respeto por la diversidad étnica, el abandono del Estado, la falta de acceso a la tierra y a una vida digna. El Acuerdo Final de Paz sin duda alguna ofrece propuestas para resolver precisamente éstas problemáticas, por lo que consideramos necesario que el Estado asuma con determinación y celeridad la implementación de las propuestas que contiene el Acuerdo garantizando nuestra participación directa en ese proceso.

En el encuentro resaltamos algunas de las problema ticas que en el territorio requieren acciones urgentes, entre las que resaltamos:

  • A la fecha existe un problema profundo de acceso a tierras para la población campesina, pues la mayor parte de la tierra que no pertenece a resguardos indígenas esta concentrada en muy pocas
    manos.
  • Nos preocupa la falta de inclusión de varias de nuestras familias al Programa de Sustitución Voluntaria de Cultivos de Uso Ilícito.
  • Requerimos con urgencia la intervención en infraestructuras vial, especialmente en la vía de acceso a La Blanquita-Murrí que se encuentra en pésimas condiciones y empeora aún más en las
    temporadas de invierno.
  • Nos preocupan las amenazas de explotación minera que hay sobre el territorio y que afectan a todas las comunidades, especialmente las indígenas.
  • Las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas de Blanquita – Murrí hemos construido una convivencia muy valiosa y queremos seguir fortaleciendo colectivamente nuestros liderazgos para la participación política conjunta en beneficio de todos/as.
  • Es necesario que el Estado brinde plenas garantías de protección tanto a exguerrilleras/os de las FARC como a los lí deres y lideresas sociales. En la actualidad existen amenazas a líderes de las
    comunidades indígenas y sus líderes en nuestro territorio.
  • Los/as exguerrilleros/as de FARC que hacen parte actualmente de nuestras comunidades mostraron una gran voluntad de paz, partiendo de dejar atrás las armas por las ideas y convivir de
    nuevo con nosotros/as, aportando en el fortalecimiento de la comunidad y trabajando para garantizar un proceso de reincorporación que involucre también a las comunidades.
  • El conflicto armado dejo profundas y complejas afectaciones en nuestras comunidades; las víctimas de los distintos grupos armados legales e ilegales requerimos un reconocimiento y el acceso a los derechos de verdad, justicia, reparación y no repetición que ofrece el Sistema Integral de verdad Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición (SIVJRNR) creado por el Acuerdo, el cual requiere un enfoque integral y diferencial, pues las afectaciones sobre las comunidades étnicas y las mujeres fueron especialmente complejas.
  • Reafirmamos nuestro territorio como un territorio de paz. No queremos ser más estigmatizados, desde hace 20 años hemos sido señalados de ser guerrilleros o de ser sus colaboradores, somos
    constructores/as de paz.
  • Hacemos un llamado al Gobierno nacional para que persista en las conversaciones de paz con el Ejercito de Liberación Nacional (ELN) y puedan llegar a un acuerdo que permita completar el anhelo social de poner fin al conflicto armado interno en el país.

Finalmente, como resultado del encuentro, las comunidades conformamos La Mesa Interétnica de Paz de Blanquita – Murrí, con el fin de fortalecernos en nuestro papel de la construcción de una paz estable y duradera desde y en nuestro territorio. Así mismo, queremos facilitar, en alianza con las entidades del Estado, organizaciones de la sociedad civil colombiana y comunidad internacional, el efectivo cumplimiento de nuestros derechos ciudadanos y la mejora de las condiciones de vida en el territorio.